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lunes, 24 de noviembre de 2008

el cooperativo OPINION publicó todo un suplemento relacionado con las estafas piramidales citando fuentes propias y un texto de la Superintendencia.

Finsa: La gran estafa que hizo llorar a los bolivianos
Más de 50 millones de dólares desaparecidos y más de 22 mil personas afectadas es el resultado de la gran estafa protagonizada por la Firma Integral de Servicios Arévalo, Finsa, que marcó la historia de las estafas piramidales en Bolivia.

(ver al final los comentarios de nuestro Editor Mauricio Aira)
A pesar del daño y dolor que causó en la población boliviana, dos de los responsables hoy están libres y sin devolver gran parte del dinero depositado por las miles de personas que cayeron en las garras de los hermanos Nelson, Eddy y Carlos Arévalo (el primero fallecido).Según los datos periodísticos recopilados por la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras de Bolivia, el anzuelo estaba tendido a fines de la década de 1980 para una estafa de más de 50 millones de dólares, acumulados durante poco más de los siguientes cinco años...Los reajustes económicos neoliberales habían creado el momento preciso para que empresas "inmobiliarias" -al margen de las reglas establecidas por el sistema financiero- captaran los pequeños ahorros de miles de relocalizados mineros que llegaban a Cochabamba con el dinero de la indemnización de todos sus años de trabajo.
Por su lado, citadinos codiciosos o ingenuos abundaron y se rindieron ante la irresistible tentación de intereses inusuales para permitirse diversiones y gustos extras... Se estaba generando un dinerito "extra" que circulaba y dinamizaba la economía. Finsa pagaba intereses mensuales inusuales (7%) que podían permitir gastos familiares más holgados y no presupuestados. Fueron pocos los que sabían que se trataba de un "milagro financiero" que no duraría mucho y retiraron su dinero a tiempo. Los más, quedaron atrapados. Los menos recuperaron una mínima parte con la venta de los bienes que quedaron y que sumaron, siendo optimistas, apenas el 10 por ciento del capital captado.Una pesadillaLa bonanza del dinero fácil se convirtió en pesadilla recién en 1991.
A la hora fatal, al menos 50 millones de dólares se habían esfumado. Hogares destruidos, patrimonios reducidos a cero, violencia, llanto, impotencia, hasta suicidios. Una larga historia seguida como telenovela por los canales de televisión con el gran desenlace fatal: el 30 de septiembre de 1991, el gerente de Finsa, Nelson Arévalo, fue asesinado sin que hasta hoy se haya esclarecido esa muerte.Nelson Arévalo era "un gran benefactor" que ostentaba cadenas y relojes de oro, regalaba billetes de cien dólares, era cliente favorito y frecuente de restaurantes y lenocinios que visitaba protegido por todo un séquito de guardaespaldas.
Sus más estrechos colaboradores en la estafa eran de su círculo familiar, destacándose sus hermanos Eddy Franz Arévalo Páez y Carlos René Arévalo Páez.Vivía como magnate y contaba con sus hermanos entre el ejército de colaboradores que incluía a políticos de alto vuelo. Eran colaboradores y también "socios estratégicos". Ninguno de ellos, sin embargo, estuvo cerca esa madrugada del 30 de septiembre cuando lo encontraron inerte en el interior de su jeep estacionado en una céntrica calle de la ciudad de Cochabamba. La noticia se regó rápidamente... cundió el pánico colectivo... la estafa se había consumado.
Prisión, perosin devoluciónLos hermanos Eddy Franz Arévalo Páez y Carlos René Arévalo Páez, tras un proceso que duró más de doce años fueron sentenciados el 2004 a 10 años de prisión en la cárcel de San Antonio, de Cochabamba. Pese a ello los hermanos Arévalo gozaron de libertad provisional. Obtuvieron ese beneficio por no tener sentencia ejecutoriada, después de permanecer recluidos en la cárcel de San Antonio, más de siete años. Posteriormente, se dio la noticia de que habrían salido del país, desconociéndose su destino.Los demás procesados, 16 en total, fueron absueltos de pena y culpa. La demanda inicial se presentó el 22 de enero de 1992, a pocos meses del escándalo que destapó la estafa de la inmobiliaria (1991), por los delitos de estafa, quiebra, abuso de confianza, apropiación indebida, destrucción de documentos y otros. Entre los absueltos, se encontraban familiares de los Arévalo (sus padres, primos y otros), ex dependientes de la inmobiliaria y colaboradores, quienes, según las pruebas aportadas en el proceso, participaron en los hechos, tanto así que sin su actuación no se habría consumado la millonaria estafa, además de que muchos de ellos se beneficiaron del dinero depositado por los ahorristas y de los bienes adquiridos con ese capital.
Como alguien dijo, "tiempo que pasa, verdad que huye". Nunca se supo si Arévalo fue asesinado o pagó por su muerte. Tampoco se supo dónde fueron a parar los más de 50 millones de dólares. Por muy buena vida que hayan llevado los organizadores de la estafa, no pudieron gastarse ese dinero ni en los excesos más extraordinarios. Nadie sabe dónde fue a parar el grueso de los millones, pero todos sabemos de las secuelas que dejó la estafa en la vida de más de 22 mil ciudadanos bolivianos.
Comentarios adicionales: Nelson Arévalo, gerente general de FINSA, algunas semanas antes de su muerte, hasta el día de hoy no se sabe si por suicidio o por asesinato, solía llegar a la oficina principal de la calle Jordán. "Cierren al público que el gerente llama a reunión de los jefes de sección". Allí reunidos preguntaba a las cajeras: "A ver señoritas, cuánto ha ingreso hoy". Una por una las ocho cajeras daban la cifra vamor a suponer 120 mil bolivianos. "Muy bien, a ver las pagadoras, cuánto entregaron hoy a los ahorristas". Los aludidos daban las cifras. "A ver, de nuevo Nelson, si han ingresado 120 y hemos pagado 70, quedan 50 mil pesos de utilidad". A continuación mandaba a abrir botellas de champagne y a brindar a puerta cerrada. La operación se repetía al menos una vez por semana.
Indigno papel. Jugaron varias decenas de funcionarios bien pagados. Contadores, habilitados, auditores y consultores y abogados y policías (en la nónima figuraban como personal de planta algunos generales, coronelos, mayores de la policía, algunos del servicio activo, otros ya jubilados, más de uno que logró ocupar el alto puesto de Director Nacional) éstos últimos supuestamente para evitar que algo pudiera sucederle a Nelson Arévalo, eran sus guardaespaldas, sus acompañantes y asesores. Lucraban de la gran estafa, percibían, sueldos, viáticos, beneficios y fueron los primeros en cobrar.
Periodistas sin escrúpulo. Alguno llegó a ser diputado. Eran siempre indulgentes con el estafador y en las entrevistas que le brindaban lo trataban con "guante de seda" nunca preguntas directas y lesivas a su administración. Otros recibían salario mensual, lo cual fue comprobado mediante las planillas que cobraban, uno o dos por cada canal, por cada diario, por las principales emisoras de radio. Total que todo el mundo cobraba y participaba copiosamente de la gran estafa.
Abogados y jueces. Cuando estalló la burbuja a mediados de 1991, producido el escándalo y promovidas las primeras acciones públicas que conmocionaron Cochabamba, al mismo tiempo que grupos de ahorristas se hacían cargo de la liquidación de FINSA, menudearon las acciones legales. Para muestra Eddy Arévalo el hermano de Nelson que fue recluído en la cárcel de San Antonio llegó a tener 19 mil querellas en su contra, una enormidad nunca antes vista en la historia de la juricidad boliviana, los abogados percibieron grandes sumas de dinero, se crearon nuevos juzgados para poder atender tanta demanda.
No todo está dicho. Dónde fue a dar el dinero? Lea nuestra crónica siguiente aquí.

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