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martes, 3 de julio de 2007

Mondragón donde los obreros son patrones

Cuando Selecciones del Reader´s Digest gozaba de aceptación plena, había dedicado una crónica a la red de cooperativas del País Vasco que causó admiración en España y el mundo, justamente en Mondragón un punto insignificante de la geografía. En 1984 la crisis económica se dejaba sentir, cuando allí fábricas, empresas y servicios sociales resultaron siendo propiedad de sus trabajadores, que ya entonces agrupaban 160 empresas, 90 de ellas industriales que fabrican maquinaria pesada, bicicletas, luego se agregaría la de ascensores de todos los tamaños que alcanzamos a visitar años más tarde en pleno desarrollo del Proyecto Cooperativo de Gotemburgo con el auspicio de la Unión Europea. Sus unidades agrícolas producen conservas vegetales, tomates, lechugas en pleno invierno dentro de los invernaderos. Fagor con 3000 trabajadores sigue siendo una importante productora de frigoríficos, lavadoras. cocinas, alcanzando un nivel de ventas envidiable.
El milagro de Mondragón es que mientras los demás empleadores iban reduciendo sus planillas, la MCC (Corporación Cooperativa) no despidió uno sólo, más por el contrario la creación de nuevos empleos ha sido una constante, posee una Universidad, un banco, escuelas, viviendas, grupos deportivos, un instituto de investigación industrial y sistemas de seguridad propios. Lo que ha conseguido es verdaderamente notable, "la gente trabaja no sólo para beneficio propio sino en pro de la comunidad". Todo comenzó como anotamos en crónica precedente cuando José María Arizmendiarrieta, un joven sacerdote de 27 años llegó a Mondragón, le conmovía la situación en que la prolongada guerra civil había dejado a los españoles. Activo en la Acción Católica creía en el compromiso de la Iglesia con los jóvenes y la preocupación de su formación profesional. "Un hombre, un voto". La única escuela técnica estaba copada y se le ocurrió abrir una otra para graduar técnicos que serían absorbidos por la incipiente industria local. José María pensó en organizar una cooperativa y entonces en 1955 animó a un grupo de cinco jóvenes a crear un taller Ulgor (Fagor) para fabricar hornillas de cocina a kerosene. Cada socio contribuyó con algo de sus ahorros para poner en marcha la empresa de la que serían propietarios y trabajadores. ULGOR se formó de los apellidos de sus fundadores Usatorre, Larrañag, Gorroñogoitia, Ormaechea y Ortubay. El cura fue el promotor sin sueldo y sin voto pero con voz, redactó los estatutos que más tarde serían el modelo para todas las unidades de producción. Basados en el principio "Un hombre, un voto" establecieron que el sueldo más alto no sería tres veces más que el más bajo.
Los socios de las cooperativas que siguen el modelo de ULGOR, eligen a los consejos rectores de sus empresas por períodos de cuatro años, el cual elige al director general o gerente y supervisa y controla todas sus decisiones.
Las decisiones sobre temas de seguridad, retribuciones y beneficios sociales son supervisadas por un consejo social, cuyos representantes son elegidos de entre cada quince o veinte socios-trabajadores. Los interventores de cuentas también elegidos por la asamblea llevan el control de la contabilidad de la empresa.
En las cooperativas no hay una única autoridad, el responsable tiene que vivir plenamente con todo el personal y merecer su apoyo. Ulgor fue la primera en fabricar cocinas a gas, se asoció a varias empresas proveedoras una función y una fábrica de herramientas para formar Ularco. Se complementaban entre sí, pero tenían suficiente autonomía para competir y buscar sus propios mercados.
En las cooperativas los socios son los trabajadores copropietarios, no son dependientes en el nivel de simples empleados, no reciben salario sino una cantidad equis por mes para cubrir sus necesidades, se llama "retiro de aportes", se separa una cantidad equis para cubrir emergencias en caso de necesidad. Al jubilarse reciben su pensión íntegra más una suma equis del capital acumulado.
Mondragón tenía 8 mil habitantes al llegar José María, hoy tiene 40 mil y su Escuela Profesional Politécnica que se extiende por un campus próximo al centro de la villa. Tiene miles de estudiantes que se convertirán en obreros especialistas, maestros industriales e ingenieros técnicos. La escuela concede importancia al trabajo práctico que se combina con la teoría. De ellos y de la repercusión que tiene la experiencia Mondragón nos ocuparemos en siguiente crónica.

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